miércoles, 20 de marzo de 2013
Un contrato singular
Señor morador: Le informo que el contrato de alquiler que firmamos hace billones de años está venciendo. Precisamos renovarlo, pero tenemos que revisar algunos puntos fundamentales:
1. Usted necesita pagar la cuenta de energía. ¡Está muy alta! ¿Cómo gasta tanto? Ade-más, antes yo le daba agua en abundancia, hoy no dispongo más que de una limitada y decreciente cantidad. Precisamos negociar su uso.
2. ¿Por qué ahora algunos comen lo sufi-ciente y otros están muriendo de hambre, si mis campos son tan grandes? ¡Si cuidara bien de la tierra, debería tener alimento para todos! Sobre todo, no desperdicie el alimento que otros moradores requieren para sobrevivir.
3. Usted cortó los árboles que dan sombra, aire y equilibrio. El sol está muy ardiente y el calor aumentó. ¡Usted debe replantar nuevamente los árboles que cortó!
4. Todos los microorganismos, insectos, reptiles, mamíferos, peces, aves y plantas de mi casa deben ser cuidados y preserva-dos. Busqué algunos animales, plantas y especies y no los encontré. Sé que cuando usted tomó mi casa ellos existían... Vi po-cos peces, ballenas, pingüinos y delfines. ¿Ustedes los pescaron todos? ¿Dónde están?
5. Necesitan verificar qué colores tan extra-ños hay en el cielo, ¡no veo el azul! Pero sí veo un color gris lleno de vapores nocivos y humo y cenizas de todo tipo.
6. Hablando de basura ¡qué suciedad, ¿eh?! ¡Encontré objetos extraños por el camino que no soy capaz de degradar: icopor, neumáticos, plásticos, pilas, desechos radioactivos...!
7. Mis polos helados cada vez están más pequeños y se están derritiendo en los mares. ¿Sabe usted qué pasó? Bueno, es hora de que conversemos. Necesito saber si usted todavía quiere vivir aquí. En caso afirmativo, ¿qué puede hacer para cumplir con el contrato? Me gustaría que estuviera siempre en mi casa, pero, al paso que vamos, tendrá que buscarse otra. ¿Usted cree que puede cambiar sus hábitos depredadores? Aguardo respuestas y acciones... Su casa: LA TIERRA
Chistes cortos y buenos
domingo, 17 de febrero de 2013
El Historicismo y la enseñanza de la filosofía
Pero me parece creciente y hasta decididamente preponderante ya la tendencia a la enseñanza histórica y textual de la filosofía. Las variantes no históricas enumeradas incluyen todas partes históricas que llegan en casos a equilibrarse con las otras y a dar al conjunto un carácter sistemático-histórico. Las variantes históricas han venido extendiéndose e imponiéndose.
La enseñanza universitaria de la filosofía gravita en torno a la Historia de la Filosofía, si es que no se reduce a ésta. Los cursos de las distintas disciplinas filosóficas versan en buena porción y hasta exclusivamente sobre los filósofos clásicos y contemporáneos, cuyas obras se leen y comentan en la clase, como en los cursos de Historia de la Filosofía, y difícil en todos los casos, imposible en muchos, advertir ni señalar diferencia alguna entre la manera de tratar a los filósofos en los cursos de aquellas disciplinas y en los de esta Historia, ni entre la manera de tratar a los clásicos y la de tratar a los contemporáneos. En fin, se ha acabado por afirmar explícita y resueltamente que la Historia de la Filosofía es el órgano, como de la filosofía misma, afirmación hecha ya con anterioridad , de la iniciación en ella, y que a esta iniciación es inherente la lectura de los textos mismos de los filósofos .
Ahora bien, la enseñanza de la filosofía, la transmisión didáctica de la filosofía, es parte de la trasmisión histórica de la filosofía, de la historia de la filosofía, y en la medida en que la filosofía es, según veremos, su historia, parte de la filosofía misma, como, por lo demás, lo prueban irrefragablemente los claros -en todos sentidos- ejemplos que se remontan, por lo menos, hasta Platón. No es de extrañar, pues, que las variantes de la enseñanza de la filosofía respondan, desde luego a las ideas pedagógicas imperantes -ellas mismas en relaciones complejas con la filosofía - pero fundamentalmente a las ideas profesadas acerca de la filosofía misma, a la «filosofía de la filosofía ». Un método como el ocasionalista no ha podido ser inspirado sino por la idea positivista o criticista de que la filosofía no es tanto algo aparte de las ciencias cuanto algo a que se llega pasando sin solución de continuidad desde los problemas y nociones de las ciencias hasta las cuestiones y supuestos que hay en el fondo de estos problemas y nociones . La enseñanza de un sistema del pasado o de nuestros días es la consecuencia de ideas acerca de la verdad de la filosofía en relación con su historia: mientras que hay quienes están convencidos de que la verdad ha sido descubierta y expuesta definitivamente por determinados pensadores del pretérito , otros piensan, más o menos consciente y fundadamente, que la verdad es en cada momento histórico propia de la filosofía producida en él . La inclusión de determinadas disciplinas en los planes de enseñanza de la filosofía o su exclusión de ellos están codeterminadas por las ideas acerca de la posibilidad o imposibilidad de estas disciplinas o acerca de su posición fundamental o central en la filosofía: así, la eliminación o la restricción de la metafísica y el favor otorgado a la psicología y a la teoría del conocimiento durante el predominio de las ideas psicologistas y criticistas antimetafísicas . Y en general y mucho más profunda y decisivamente, la inclusión de la filosofía en los planes de enseñanza responde a la convicción de su valor de ilustración y formativo, para la vida y salvador, convicción prácticamente universal -pero que no por ello deja de ser problemática de chistes cortos y buenos.
Análogamente, el auge en nuestros días de la enseñanza histórica y textual de la filosofía -como de la literatura y de otros sectores de la cultura -se debe, sin disputa, al historicismo de nuestro tiempo, todo un fenómeno típico y característico, al par, de este tiempo. Sin duda que desde los orígenes de la historia, peculiarmente unidos a los de la historiografía, los hombres de todas las edades y culturas han venido teniendo memoria, conciencia, saber históricos de antepasados y de sí mismos como sucesores de estos antepasados, destinados a pasar a ser antepasados de sucesores venideros. Mas parece que nunca esta conciencia histórica alcanzó las dimensiones ni tomó los caracteres y la significación de la propia de nuestro tiempo. Nuestra conciencia histórica se extiende hasta los tiempos prehistóricos humanos, y aún más allá, con la paleontología e historia de la tierra y la teoría de la evolución. Nuestro saber histórico da la vuelta al globo con las culturas que abarca. Nuestra historiografía no es historia de sucesos particulares políticos y bélicos, sino historia universal de la cultura humana. Las ciencias del espíritu o de la cultura, o ciencias humanas, son todas más o menos creación, cuando no de una escuela histórica de identidad precisa, del espíritu histórico general al siglo de esta escuela, están todas más o menos historizadas
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